La Sevilla de Colón

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Un marino y dibujante de planos, inminente descubridor de un nuevo continente, su hijo ilegítimo y compañero más honrado, llamado a convertirse en uno de los hombres que más ha amado los libros. Ambos de apellido Colón: Cristóbal y Hernando. Te invitamos a dar un paseo por la Sevilla de Colón.

Cristóbal Colón llega Sevilla procedente de Palos en 1484. Faltan apenas ocho años para que protagonice su mejor aventura, la que permitirá el conocimiento de un mundo nuevo, grande, hermoso y pletórico de diversidad. Aquí se dedica a dibujar y vender planos, según narra Juan Guillén en su biografía publicada por la Fundación José Manuel Lara del Colón más sevillano, su hijo Hernando Colón, nacido en 1488 de su relación con la cordobesa Beatriz Enríquez de Arana, quién elegirá esta ciudad como casa y albergue de su titánica empresa bibliófila.

Sevilla será para el descubridor en ciernes un territorio en el que conviven sus mejores amigos y sus más firmes enemigos. Aquí busca y encuentra cómplices en su ventura comercial y náutica. En el Monasterio de la Isla de la Cartuja vive uno de ellos, fray Gaspar Gorricio, que terminará siendo depositario de sus papeles personales y testamento, además de consejero espiritual de sus hijos.

Busquemos pues a Cristóbal Colón en la Cartuja de Santa María de las Cuevas, residencia del navegante, sede hoy del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. En los jardines podemos ver un monumento a Cristóbal Colón levantado en 1887 por la marquesa viuda de Pickman, industrial originario de Liverpool que en el siglo XIX había convertido el monasterio en fábrica de loza. Los restos mortales de Cristóbal Colón, fallecido en Valladolid, fueron depositados en esta Cartuja en 1509. Treinta años más tarde se trasladan a la Catedral de Santo Domingo para regresar finalmente a Sevilla, la última morada, y descansar el monumento que actualmente puede visitarse en la catedral hispalense.

Pero volvamos al monasterio cartujo. Aquí podemos ver el ombú más famoso de Sevilla, el cual según la tradición fue plantado por Hernando Colón. Ombú, bellasombra en Brasil, árbol frondoso de gran envergadura y tronco inabarcable cuando transcurren los años.

Además de la colección permanente y las exposiciones temporales que aquí se organizan, en una visita al monasterio debemos fijarnos en la capilla de Santa Ana en la entrada, construida como enterramiento de Cristóbal Colón y su familia, en cuya cripta aún existente, descansaron sus restos entre 1509 y 1536. En su desaparecido altar estuvo situado el Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés, hoy visible en la Catedral de Sevilla.

Nuevas referencias colombinas las encontraremos en el Archivo General de Indias, custodio de los legajos, mapas, manuscritos, dibujos, inventarios y otros materiales gráficos que nos sirven para estudiar todo lo concerniente con el descubrimiento y colonización de América. El archivo se sitúa en la antigua Casa Lonja, edificio construido para que los comerciantes locales y los llegados de toda Europa formalicen sus tratos relacionados con la Flota de Indias que amarra en el puerto de Sevilla.

También hay ecos del descubridor en el Real Alcázar. Detengamos nuestro paseo en el Cuarto del Almirante, en la que fue sala de audiencias y capilla, mandado construir por los Reyes Católicos a comienzos del siglo XVI. Dedica unos minutos para observar a la Virgen de los Mareantes, obra sobre tabla realizada por Alejo Fernández en 1535, imagen que escuchó la defensa del proyecto de Cristóbal Colón para abrir una nueva ruta marítima hacia las Indias basada en su creencia firme en la redondez de la Tierra. La Virgen se muestra extendiendo su manto sobre un grupo de marineros y embarcaciones. Bajo el manto de la imagen observamos una representación de los distintos tipos de embarcaciones españolas de la época y varios personajes históricos: el propio Colón, los hermanos Pinzón o Américo Vespuccio. En la pared de enfrente podemos leer esta breve leyenda: “A Castilla y León Nuevo Mundo dio Colón”. Se trata del escudo del Almirante.

Desigual fortuna y relación con nuestra ciudad tuvieron los dos hijos de Cristóbal. El mayor, Diego Colón, que junto a Hernando había sido paje del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, y viajado a América compartiendo el inicio y desarrollo de los pleitos colombinos, fallece en 1526 en La Puebla de Montalbán (Toledo) cuando viene de camino a Sevilla donde se encuentra el rey. Sus restos recibieron sepultura en la Cartuja de Santa María de las Cuevas.

Hernando pasó su más larga y fructífera temporada en Sevilla entre 1524 y 1529. Aprovecha la estancia para, por encargo de CarlosI, confeccionar una gran carta de navegación, un magnífico mapamundi, con la colaboración de los mejores pilotos y cosmógrafos del momento, tarea inconclusa. Aunque también tiene tiempo de construirse una casa en el arrabal de los Humeros frente al río, residencia desde la que podrá ver el Monasterio de Santa María de las Cuevas donde su padre permanece enterrado en una zona de Huertas en las que se cuidaban a especies americanas para que se aclimataran al, para ellas, nuevo continente. La casa servirá también para custodiar su gran pasión: los libros. Después vendrá un periodo de muchos viajes por Europa, algunos acompañando al emperador, siempre buscando y comprando libros, haciendo crecer su biblioteca, hasta que en 1536 baja a Sevilla procedente de Valladolid para no abandonar nunca más su auténtica patria.

Siente tal pasión por los libros que comprarlos, ordenarlos y conservarlos se convierte en rutina diaria, llegando a atesorar en su casa más de 15.000 ejemplares en varios soportes y a comprar hasta 200 libros en un día. Hernando es tan meticuloso que diseña la colocación de los libros en anaqueles, de canto, numerados y separados por materias. Cuando muere deja miles de fichas bibliográficas finalizadas. Para entender hoy en día esta labor hay que visitar la institución colombina encargada de velar de lo que queda de aquella pasión de Hernando, conservada en un ala del Patio de los Naranjos de la catedral donde la Biblioteca Colombina comparte espacio con la Biblioteca Capitular.

Sevilla empezó a ser americana entre el Arenal y Triana, y por eso Cristóbal Colón tiene un paseo que lleva su nombre, hoy uno de los rincones recomendados para los que buscan el café o las tapas de sus terrazas al sol.

La especial vinculación de Cristóbal y Hernando Colón con Sevilla tiene un final cargado de emoción. No satisfechos con el contacto físico con la ciudad andaluza original, los Colón consiguen que Sevilla cruce los mares. El padre y el hijo comparten el cuarto y definitivo viaje que les lleva a América donde en 1503 queda fundada Nueva Sevilla, la primera población española en la actual isla de Jamaica, fruto del encallamiento de los barcos de la flota. Dos orillas, una ciudad.

En la imagen principal, Sepulcro de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla. En la galería de imágenes: La Virgen de los Mareantes en el Cuarto del Almirante en el Real Alcázar; una sala de la Biblioteca Colombina; sede del actual Centro Andaluz de Arte Contemporáneo; Escudo del Almirante con la leyenda: “A Castilla y León un nuevo mundo dio Colón”; “Libro de las Profecías” de Cristóbal Colón que se encuentra en la Biblioteca Colombina; fachada principal del Monasterio de la Isla de la Cartuja; Torre del Oro. Todas las fotografías son de Curro Cassillas, excepto la del monasterio, perteneciente al CCAC.

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